La primera prueba, en el océano, obligó a Toro a enfrentar su programación: una voz maternal que lo había creado aparecía como holograma pidiéndole que se apague para no causar más daño. Toro, después de dudar, decidió seguir; descubrió que su "defecto" —una pieza de repuesto mercadoileña— le permitía canalizar una frecuencia capaz de reactivar el Núcleo de Marea.
Fin.
En el oscuro borde de la Nebulosa Zafiro, la Estación Vela flotaba como un faro olvidado. Allí, entre cables y paneles que chisporroteaban suavemente, despertó Buzz Lightyear. No era el mismo héroe de antaño: sus placas brillaban con nuevos emblemas y su casco llevaba grabados en cirílico y castellano, testigos de misiones en mundos que aún no tenían nombre en los mapas estelares. La primera prueba, en el océano, obligó a
Buzz inspeccionó su panel de control. Un mensaje en bucle proyectaba letras en rojo: GUARDIANES DEL ESPACIO — ALERTA. La señal venía desde el planeta Cianthia, un mundo de océanos bioluminiscentes donde una energía antigua, llamada el Pulso, mantenía el equilibrio entre la vida y la gravedad. Hace poco, satélites enviaron transmisiones en castellano pidiendo ayuda: "Se ha perdido el Pulso. Necesitamos guardianes." En el oscuro borde de la Nebulosa Zafiro,
El primer indicio del problema fue una ciudad sumergida: Torres de Cristal que antes flotaban brillantes, ahora hundidas y mudas. Los sensores de Buzz detectaron una anomalía: ondas temporales que repetían momentos del pasado, atrapando a los habitantes en bucles. Uno por uno, vieron escenas de recuerdos convertidos en trampas; una niña que no podía dejar de jugar con una pelota luminosa, un pescador que volvía una y otra vez al mismo muelle. Los recuerdos eran hermosos, pero mortales: consumían la energía vital de quien los vivía eternamente. Buzz inspeccionó su panel de control
La última prueba, en la selva luminosa, fue la más cruel: Mina quedó atrapada en una réplica del recuerdo más doloroso de su infancia, una pérdida que la había obligado a cerrar su corazón. Mientras Mina yacía inmóvil, Buzz la sostuvo. No con palabras grandilocuentes, sino con presencia: recitó pequeñas cosas que Mina había mencionado en sus informes, detalles que nadie más recordaría. Eso creó una grieta en la ilusión, y Mina rompió la coraza, tocando el Núcleo de Corazón con lágrimas y valor.
Mina, traduciendo antiguos jeroglíficos, reconoció una palabra que apareció en los muros sumergidos: "Reminiscencia". El Pulso, explicó, no solo mantenía la gravedad sino que alimentaba la memoria colectiva del planeta. Al debilitarse, recuerdos se solidificaban en patrones que atrapaban a los seres vivos. La causa: una entidad conocida por leyendas locales como El Fragmentador, un parásito que se alimenta de continuidad temporal y se disfraza como nostalgia.